EVD POR DENTRO

Crónicas Sintéticas - Navaratri 2026

Vista desde arriba del templo, de cúpula de madera, lleno de participantes vestidos de blanco sentados alrededor del altar durante la ceremonia

Rompiendo la inercia

Tres días para romper la inercia, un retiro para, no solo saber situarnos, saber dónde estamos, hacia dónde vamos, qué buscamos y queremos, sino para asir las sombras, y doblegarlas. Emancipados, seres movilizando energías más allá de lo impensable. Si la memoria es frágil que lo sea para potenciar la conciencia, y reconciliarnos con el cosmos. Sucesión de imágenes, con énfasis en Mahakali, la que muestra aquello que no queremos ver. Puso a prueba todos los participantes. Esa fuerza que nos conoce mejor que nadie. Sí, es como Némesis, la diosa griega que castiga la arrogancia y busca el equilibrio universal.

  • Rostro de Mahakali hecho a mano en relieve y pintado, con manto de estrellas, guirnalda de caléndulas, tridente dorado y un mantra escrito en sánscrito
  • Rostro de Mahakali de piel azul oscura, con lengua roja y corona dorada, pintado a mano sobre fondo negro en un marco de madera

Dos rostros de Mahakali, hechos a mano por los iniciados durante el retiro: darle forma a aquello que no queremos ver.

Contiendas, cruzadas, hostilidades. Un firmamento interno blindado por los estados de pensamiento puro de cada iniciado. Oscuridad, oh noche que juntaste, oh noche que guiaste, el bramido con el silencio. La materia mental se disuelve. La tempestad nos oscurece para darnos luz. Conexión divina. ¿Qué hallamos en la calamidad? El estrépito que anuncia la chispa divina. Dejar morir lo que no nos pertenece. Interrogantes que tensan el alma para que, una vez digeridas, se distienda y fluya. La Mahakali que no puedo soslayar, reside en mí, para mí. Severidad luminosa, moldeada y consagrada por las manos. La energía manifestada en el arte.

Pabellón de madera abierto al valle con una multitud sentada en penumbra y humo de incienso
  • Un hombre alza una lámpara de fuego frente a un salón lleno de personas vestidas de blanco
  • Una mano alza una lámpara de bronce de varias llamas bajo los triángulos del templo
  • Manos en alto entre las personas durante una ceremonia en el templo
  • Una mujer sentada en un diván de madera tallada se cubre el rostro con las manos, junto al altar
  • Una figura de bronce sobre el altar, con la luz del fuego y siluetas desenfocadas en primer plano
  • Un hombre y una mujer, bajo el muro de triángulos blancos del templo, en un gesto ritual con una hoja y una vasija

El lenguaje del rito

El Navaratri 2026, y su corolario de luz, sus impactos, sus nacimientos y renacimientos, sobre todo, lo que se afirma y reafirma a través de los rituales. Conducirse con ellos, presenciarlos, dejar que tu ser se alinee con las energías que brotan de cada gesto. El lenguaje del encantamiento, donde el participante interviene y se sostiene, el fuego que prevalece en su conciencia: verlo caminar, arrodillarse, tomar el samagri, y lanzarlo al homa. Indeclinable forma de conectarse con la invisibilidad. Deidades y fuerzas. Amor y purificación en un gesto. Ceremonias que liberan y contrastan con el pensamiento del anestesiante mundo externo.

  • Dos oficiantes de naranja junto a una pirámide de ofrendas florales, ante una multitud de participantes vestidos de blanco
  • Pirámide de ofrendas rojas rodeada de guirnaldas de flores sobre una mesa redonda
  • Primer plano del fuego sagrado en el fogón del ritual, rodeado de vasijas de cobre y ofrendas
  • Una mujer vierte una ofrenda sobre el fuego sagrado mientras el humo sube al fondo
  • Vista desde arriba de una ceremonia: varias personas alrededor de un yantra de pétalos rojos sobre el suelo de madera

Voluntad fundamentada en la acción. Vórtices creados por la entrega y devoción. El hombre es una extensión de esa energía que frecuenta los espacios sagrados. No es la repetición dentro de las repeticiones; no es el automatismo del sujeto que se deja llevar por el inconsciente colectivo; es intención, es propósito consciente, es trascendencia y entendimiento. Nueve noches en resguardo absoluto de la esfera. El iniciado concurre y comunica internamente su anhelo, y desde la consciencia del amor, fecunda su energía. Una simbiosis creadora. Una ética y una estética espiritual consagrada a la Shakti.

  • Procesión por el camino del ashram: dos hombres cargan una estatua adornada con flores, con un tambor y más personas detrás
  • Varias personas colocan una torre de flores en el estanque, bajo un cobertizo de madera
  • Una mujer sostiene una lámpara encendida mientras otra persona realiza una ofrenda a su lado
  • Una mujer con pañuelo rojo sonríe entre un grupo de personas sentadas al aire libre
  • Una mujer sonríe mientras rocía agua con una hoja; detrás, una pantalla con decenas de participantes conectados en línea

El estar, el sentir

Ausencia de deseos, presencia de luz. Saber estar. Habitar los espacios del Ashram Caminantes del Amanecer, en medio de un evento de naturaleza iniciática, es desvincularse de todas las pleitesías sociales, alambrada de pretensiones y antojos que, en buena medida, obstruyen el avance. Los participantes reafirmaron esas circunstancias; integraron a su alma, en la medida de la entrega, el magisterio de la luz, a través de la oscuridad; no era masa, solo individualidad entendida, enaltecida, agradecida. Profunda y penetrante experiencia. Inconsciencia y proyección. Mataji Shaktiananda, antorcha espiritual, su voz, su presencia, su esencia.

Una mujer vestida de naranja sentada en una ladera, mirando hacia el valle

Ausencia de vacíos, presencia de la nada. Saber sentir. Umbral sagrado. Cada paso, cada respiro, cada mirada, cada noche, cada tema, transmitía una onda a esa dimensión que cada quien se iba formando de su propia experiencia interna. El alma percibe la realidad. El sentir que está fuera del radar de la razón. Fórmula cósmica experimentada. Cada paso, cada respiro; allí recrudece el limo primigenio y la energía suprema del amor. Nada es hipotético cuando el iniciado se consagra, cree y reconoce, primero, sus dislocaciones, luego, las formas y recursos para superarla. De una orilla a otra, mece su carácter, y capta el influjo divino. La Shakti está aquí.

  • Una persona sentada sobre una plataforma de madera entre árboles floridos
  • Practicantes de yoga en postura de árbol, con los brazos en alto, en una sala con ventanales
  • Un grupo reunido al aire libre en torno a una mesa con una cesta, conversando y sonriendo
  • Dos personas conversan al aire libre, una de ellas con capucha naranja
  • Dos mujeres se abrazan entre la vegetación
  • Dos personas se abrazan a contraluz junto a una ventana, con la montaña al fondo
  • Una mujer con un poncho blanco sale por una puerta de madera tallada
  • Dos personas sentadas en el suelo del templo conversan en voz baja, junto a flores naranjas
  • Una mujer con un manto rosado sobre la cabeza canta con címbalos al aire libre, sobre el césped
  • Personas sentadas junto a un estanque durante una ceremonia al aire libre, con banderas rojas colgando en primer plano

Solo sé ser

Una noche, dos noches, nueve noches. La lectura y reelectura. La batalla que sucede en la mente. Todo pasa y todo queda en ella. No hay realidades adicionales, solo una realidad: Ser. Descubrimos a los dioses que contenemos, y esas energías remueven el escondrijo kármico. No podemos escondernos en nosotros. Ser y ser transparentes. No hay misterio último de la naturaleza. ¿Cuántas formas existen de recordarnos? Infinitas. La Madre está en la vida que respiramos. Discernimiento y compasión. Nueve noches, una órbita… ¿serán suficientes para disolver tanta inquina autoinfligida? Un ciclo de ciclos que trasciende sus límites.

Una mujer de cabello largo sopla una caracola durante la ceremonia, rodeada de personas sentadas

El leve zumbido del aire rasgando el vacío. Respiraciones. Vida exhalada, vida inhalada. El prana que creamos con la conciencia de ser. No es solo aire consumado, el biológico, ese que nos sostiene de pie: es fuerza vital. Vamos a su encuentro con las meditaciones, aunque es una actitud consciente que debemos recrear en la cotidianidad. Que nada nos incomode. El silencio desplaza, poco a poco, los ruidos que definen el instante que somos, e impone toda su inquebrantable fuerza para que el ser asome y asuma su condición. Nunca un eclipse había sido tan ventajoso como abrazarnos al silencio con la cadencia del verbo de nuestra Gurú. Solo sé ser.

  • Tres mujeres cantan frente a los micrófonos durante el kirtan
  • Vista desde arriba de un círculo de kirtan: músicos y cantantes en torno al altar, rodeados de participantes de blanco
  • Dos hombres sentados junto al altar: uno lee con un micrófono y el otro, con un chal rosado, escucha, entre flores
  • Un músico toca un tambor sentado junto a otra persona vestida de blanco
  • Estatua de una deidad cubierta con un velo blanco y guirnaldas de flores
  • Una mujer coloca la mano sobre el rostro de una estatua adornada con flores, que sostiene un instrumento de cuerda
  • Una mujer con flores amarillas en el cabello recibe una guirnalda de otra persona
  • Una persona alza una campanilla de bronce frente a los asistentes, junto a una ofrenda de pétalos rojos
  • Personas sentadas con los brazos en alto frente a un altar con flores naranjas y rojas

Sobre la Escuela Valores Divinos

La Escuela Valores Divinos es una federación de organizaciones sin fines de lucro fundada por Mataji Shaktiananda, en el año 2000. Transmite la enseñanza del Shiva Kriya Yoga en 12 países de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, además de la modalidad online, en una propuesta de autoconocimiento abierta a toda persona. Junto a la enseñanza organiza actividades abiertas semanales y proyectos propios de estudios védicos, radio y publicaciones.