Rompiendo la inercia
Tres días para romper la inercia, un retiro para, no solo saber situarnos, saber dónde estamos, hacia dónde vamos, qué buscamos y queremos, sino para asir las sombras, y doblegarlas. Emancipados, seres movilizando energías más allá de lo impensable. Si la memoria es frágil que lo sea para potenciar la conciencia, y reconciliarnos con el cosmos. Sucesión de imágenes, con énfasis en Mahakali, la que muestra aquello que no queremos ver. Puso a prueba todos los participantes. Esa fuerza que nos conoce mejor que nadie. Sí, es como Némesis, la diosa griega que castiga la arrogancia y busca el equilibrio universal.
Dos rostros de Mahakali, hechos a mano por los iniciados durante el retiro: darle forma a aquello que no queremos ver.
Contiendas, cruzadas, hostilidades. Un firmamento interno blindado por los estados de pensamiento puro de cada iniciado. Oscuridad, oh noche que juntaste, oh noche que guiaste, el bramido con el silencio. La materia mental se disuelve. La tempestad nos oscurece para darnos luz. Conexión divina. ¿Qué hallamos en la calamidad? El estrépito que anuncia la chispa divina. Dejar morir lo que no nos pertenece. Interrogantes que tensan el alma para que, una vez digeridas, se distienda y fluya. La Mahakali que no puedo soslayar, reside en mí, para mí. Severidad luminosa, moldeada y consagrada por las manos. La energía manifestada en el arte.

El lenguaje del rito
El Navaratri 2026, y su corolario de luz, sus impactos, sus nacimientos y renacimientos, sobre todo, lo que se afirma y reafirma a través de los rituales. Conducirse con ellos, presenciarlos, dejar que tu ser se alinee con las energías que brotan de cada gesto. El lenguaje del encantamiento, donde el participante interviene y se sostiene, el fuego que prevalece en su conciencia: verlo caminar, arrodillarse, tomar el samagri, y lanzarlo al homa. Indeclinable forma de conectarse con la invisibilidad. Deidades y fuerzas. Amor y purificación en un gesto. Ceremonias que liberan y contrastan con el pensamiento del anestesiante mundo externo.
Voluntad fundamentada en la acción. Vórtices creados por la entrega y devoción. El hombre es una extensión de esa energía que frecuenta los espacios sagrados. No es la repetición dentro de las repeticiones; no es el automatismo del sujeto que se deja llevar por el inconsciente colectivo; es intención, es propósito consciente, es trascendencia y entendimiento. Nueve noches en resguardo absoluto de la esfera. El iniciado concurre y comunica internamente su anhelo, y desde la consciencia del amor, fecunda su energía. Una simbiosis creadora. Una ética y una estética espiritual consagrada a la Shakti.
El estar, el sentir
Ausencia de deseos, presencia de luz. Saber estar. Habitar los espacios del Ashram Caminantes del Amanecer, en medio de un evento de naturaleza iniciática, es desvincularse de todas las pleitesías sociales, alambrada de pretensiones y antojos que, en buena medida, obstruyen el avance. Los participantes reafirmaron esas circunstancias; integraron a su alma, en la medida de la entrega, el magisterio de la luz, a través de la oscuridad; no era masa, solo individualidad entendida, enaltecida, agradecida. Profunda y penetrante experiencia. Inconsciencia y proyección. Mataji Shaktiananda, antorcha espiritual, su voz, su presencia, su esencia.

Ausencia de vacíos, presencia de la nada. Saber sentir. Umbral sagrado. Cada paso, cada respiro, cada mirada, cada noche, cada tema, transmitía una onda a esa dimensión que cada quien se iba formando de su propia experiencia interna. El alma percibe la realidad. El sentir que está fuera del radar de la razón. Fórmula cósmica experimentada. Cada paso, cada respiro; allí recrudece el limo primigenio y la energía suprema del amor. Nada es hipotético cuando el iniciado se consagra, cree y reconoce, primero, sus dislocaciones, luego, las formas y recursos para superarla. De una orilla a otra, mece su carácter, y capta el influjo divino. La Shakti está aquí.
Solo sé ser
Una noche, dos noches, nueve noches. La lectura y reelectura. La batalla que sucede en la mente. Todo pasa y todo queda en ella. No hay realidades adicionales, solo una realidad: Ser. Descubrimos a los dioses que contenemos, y esas energías remueven el escondrijo kármico. No podemos escondernos en nosotros. Ser y ser transparentes. No hay misterio último de la naturaleza. ¿Cuántas formas existen de recordarnos? Infinitas. La Madre está en la vida que respiramos. Discernimiento y compasión. Nueve noches, una órbita… ¿serán suficientes para disolver tanta inquina autoinfligida? Un ciclo de ciclos que trasciende sus límites.

El leve zumbido del aire rasgando el vacío. Respiraciones. Vida exhalada, vida inhalada. El prana que creamos con la conciencia de ser. No es solo aire consumado, el biológico, ese que nos sostiene de pie: es fuerza vital. Vamos a su encuentro con las meditaciones, aunque es una actitud consciente que debemos recrear en la cotidianidad. Que nada nos incomode. El silencio desplaza, poco a poco, los ruidos que definen el instante que somos, e impone toda su inquebrantable fuerza para que el ser asome y asuma su condición. Nunca un eclipse había sido tan ventajoso como abrazarnos al silencio con la cadencia del verbo de nuestra Gurú. Solo sé ser.
Sobre la Escuela Valores Divinos
La Escuela Valores Divinos es una federación de organizaciones sin fines de lucro fundada por Mataji Shaktiananda, en el año 2000. Transmite la enseñanza del Shiva Kriya Yoga en 12 países de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, además de la modalidad online, en una propuesta de autoconocimiento abierta a toda persona. Junto a la enseñanza organiza actividades abiertas semanales y proyectos propios de estudios védicos, radio y publicaciones.





































