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La escuela

Código de Ética y Conducta de la Escuela

Escuela Valores Divinos

«Te hablo firmemente de ética porque es algo que no es fácil de alcanzar. Se consigue trabajando, confrontándote, revisándote, pidiéndote y pidiendo perdón, rectificación y haciendo enmiendas, firmes enmiendas que son posibles. Todo es posible. Y si lo entiendes, es una forma de amor, de consideración, de respeto, de proporcionarnos, aunque no lo creas, en el fondo, paz». — Madre Shaktiananda

Este Código se aplica a todas las personas que participan en la Escuela —estudiantes, Swamis, coordinadores y responsables de sede— sin distinción de función, condición, antigüedad o trayectoria dentro de la Escuela.

La ética, dentro de la Escuela, se comprende como la capacidad de orientar las decisiones y acciones de acuerdo con principios y valores asumidos de manera consciente y responsable, procurando coherencia entre aquello que se sostiene, la manera en que se actúa y las consecuencias que las propias acciones pueden generar en los demás, en los espacios compartidos y en uno mismo. La ética no se limita a las intenciones o a las declaraciones de principios. Se expresa en la conducta, en la manera de relacionarse, en la capacidad de reconocer los propios errores y en la disposición a revisar, rectificar y hacer las enmiendas que correspondan.

Aprobado el 6 de julio de 2026. Última revisión: 6 de julio de 2026.

Principios y valores

Respeto

Nuestro principio y valor fundamental: el respeto. Reconocemos en toda persona una dignidad inherente e igual, independientemente de su experiencia, del círculo al que pertenezca, de su tránsito o trayectoria dentro de la enseñanza, así como de la función, posición o desempeño que tenga en la Escuela. El respeto se expresa en la manera en que nos relacionamos: reconociendo al otro, escuchándolo, evitando el menosprecio, la discriminación y el trato degradante, y actuando con consideración hacia sus límites, necesidades y diferencias. Este reconocimiento se fundamenta en la convicción de que en cada ser humano habita una misma esencia divina y, por ello, ninguna persona es superior o inferior a otra en dignidad.

Honestidad

La vida dentro de la Escuela se fundamenta en que la actuación y la comunicación se desarrollen desde la veracidad, la transparencia y la responsabilidad. La honestidad implica procurar que las palabras, silencios y acciones no induzcan deliberadamente a engaño ni oculten información relevante cuando su omisión pueda afectar de manera significativa una relación, una decisión o el bienestar de las personas o de la comunidad. También, expresar aquello que se considera verdadero con respeto y cuidado, reconocer lo que no se sabe o aquello en lo que se puede estar equivocado, y mantener una disposición genuina a escuchar, revisar las propias posiciones y rectificar cuando corresponda. La honestidad comienza con uno mismo: con la capacidad de reconocer lo que pensamos, sentimos y hacemos, así como nuestras propias limitaciones, motivaciones y responsabilidades.

Integridad

La integridad es la coherencia entre los valores que asumimos, lo que pensamos, lo que expresamos y la manera en que actuamos. Es la correspondencia entre nuestra vida interior y nuestra conducta, de modo que las decisiones sean fieles a los principios que declaramos, tanto en presencia como en ausencia de otras personas. La integridad no supone falta de errores o contradicciones. Implica reconocerlos con honestidad, asumir la responsabilidad que corresponda y estar dispuesto a revisar, rectificar y reparar cuando sea necesario, procurando que aquello que profesamos encuentre una expresión auténtica en la vida cotidiana.

Libertad

Reconocemos la autonomía de cada persona y su capacidad y derecho de tomar decisiones sobre su propia vida, sus tiempos, sus procesos y la manera en que transita su experiencia dentro de la enseñanza. Nadie debe imponer, presionar o interferir indebidamente en las decisiones personales de otra persona. La enseñanza, el acompañamiento y la orientación no confieren autoridad sobre la vida personal de quien participa en la Escuela. Acompañar puede implicar escuchar, orientar o expresar una preocupación cuando corresponda; ello no otorga autoridad para decidir por otra persona. La libertad se ejerce con responsabilidad, procurando que las propias decisiones no vulneren la dignidad, los derechos o la libertad de los demás.

Humildad

Reconocemos nuestras capacidades, conocimientos y aprendizajes sin que ello nos sitúe por encima o por debajo de otras personas. El tránsito por este sendero tampoco constituye una medida de superioridad respecto de quienes recorren otros caminos. La humildad implica no hacer del reconocimiento, la aprobación o la comparación el propósito de nuestro proceso. Supone aceptar que siempre estamos en aprendizaje, que podemos equivocarnos y que tenemos la posibilidad y la responsabilidad de revisar y rectificar. Quien asume una función dentro de la Escuela la ejerce desde el servicio y la responsabilidad. La confianza recibida no constituye un privilegio ni una posición de superioridad, sino un compromiso mayor con el propósito común y con el cuidado de las personas.

Responsabilidad

Cada persona es la primera responsable de su propio tránsito por la enseñanza y del compromiso que asume con su proceso. Esto implica sostener la práctica con constancia, cumplir aquello a lo que se ha comprometido, reconocer las consecuencias de las propias decisiones y acciones y asumir los errores sin trasladar injustificadamente su responsabilidad a otros. La responsabilidad comienza también en la capacidad de mirarse con honestidad, reconocer lo que se es, lo que se hace y aquello que aún necesita ser revisado o transformado, sin negación ni autoengaño. Ser responsable es participar de manera consciente y activa en el sendero propio y responder por las decisiones y conductas que dependen de uno mismo.

En la práctica operativa, el cuido y la convivencia

Quien forma parte de la Escuela tiene la responsabilidad de cuidar el espacio que comparte con otros y de hacerse cargo de sí mismo, de sus acciones y de la manera en que estas pueden afectar a los demás. Los principios y valores de la Escuela se expresan en conductas concretas y orientan la manera de participar, enseñar, acompañar, coordinar y relacionarse.

Conductas incompatibles con la participación en la escuela

  • Cualquier forma de agresión o violencia física.
  • Los insultos, las amenazas, las humillaciones, el hostigamiento, la descalificación reiterada o cualquier conducta que atente contra la dignidad o la integridad de otra persona.
  • La intimidación, la presión o la coerción ejercidas para limitar la libertad de decisión de otra persona.
  • El uso del engaño, la amenaza o el condicionamiento para obtener de otra persona una conducta, una decisión o un beneficio que de otro modo no habría aceptado.
  • El uso, la apropiación o la disposición indebida de recursos, espacios, bienes o información pertenecientes a la escuela o confiados a ella.
  • La intervención en las decisiones personales, los tiempos o los procesos de otra persona, desconociendo su autonomía.
  • El uso de la enseñanza, el acompañamiento, la pertenencia a un círculo o el avance dentro de la escuela como mecanismo de presión, amenaza, recompensa o condicionamiento personal.
  • El uso de una función, un conocimiento o una posición dentro de la escuela para obtener ventajas personales, ejercer control o establecer relaciones de superioridad.
  • El encubrimiento de una conducta que vulnere este código o que pueda poner en riesgo la integridad de una persona o de la comunidad.

El cuidado de la escuela es una responsabilidad compartida. Cada integrante contribuye a preservar un espacio donde las personas puedan transitar su proceso con libertad, dignidad y seguridad, y donde las diferencias puedan expresarse y abordarse sin violencia, intimidación, manipulación ni abuso de una posición de influencia.

Quienes enseñan, acompañan o coordinan

Quienes ejercen funciones de enseñanza, acompañamiento o coordinación reciben la confianza de otras personas y, por ello, asumen una responsabilidad especial. Su actuación debe respetar siempre la autonomía, la dignidad y los límites personales de quienes participan en la Escuela, evitando cualquier forma de aprovechamiento de su posición, influencia o autoridad. En el ejercicio de estas funciones:

  • No solicitan ni aceptan beneficios personales derivados de su posición o de la relación de enseñanza, acompañamiento o coordinación.
  • Mantienen límites claros entre su función y cualquier vínculo afectivo que pueda comprometer la relación de enseñanza, acompañamiento o responsabilidad.
  • No condicionan el acceso, la permanencia, el avance o el reconocimiento dentro de la Escuela a la cercanía personal, la obediencia, la lealtad o cualquier forma de sometimiento.
  • No utilizan su posición para condicionar decisiones personales ni asumen autoridad sobre asuntos de salud, pareja, familia, trabajo, economía u otros ámbitos que corresponden a la autonomía de cada persona.
  • Cuando una situación excede el ámbito de su función, orientan hacia el apoyo profesional o institucional correspondiente.

Enseñar, acompañar o coordinar implica una mayor responsabilidad, no autoridad sobre la vida personal de los demás.

Vías de comunicación

Cualquier persona puede plantear una inquietud, solicitar orientación o comunicar una situación que considere relevante para el cuidado de la comunidad, a través de las vías dispuestas por la Escuela. Toda comunicación será recibida y atendida con respeto, reserva y responsabilidad, procurando el adecuado acompañamiento de las personas involucradas.

Cada situación será valorada con ecuanimidad, confidencialidad y respeto por todas las partes, de acuerdo con los principios y mecanismos establecidos por la Escuela.

Ante el incumplimiento

El cumplimiento de este Código es responsabilidad de todas las personas que forman parte de la Escuela. Ante una situación que pudiera contradecir sus principios, las instancias correspondientes evaluarán la información con seriedad, ecuanimidad, confidencialidad y respeto por las personas involucradas, procurando comprender los hechos y sus circunstancias antes de adoptar las medidas que correspondan.

Las decisiones buscarán proteger la dignidad y la seguridad de las personas, preservar la integridad de la comunidad y sostener los principios de este Código. Las medidas serán proporcionales a cada situación y se adoptarán sin privilegios ni distinciones derivados de la posición, antigüedad o función dentro de la Escuela. Cuando una situación exceda su ámbito de actuación, se procederá conforme a la legislación aplicable y a las competencias de las autoridades correspondientes.

Comunicación pública y cuidado de la dignidad

Toda persona tiene derecho a expresar sus opiniones, formular preguntas, plantear desacuerdos y comunicar situaciones que considere relevantes, dentro y fuera de la Escuela. La libertad de expresión y la posibilidad de contar la propia experiencia no se pierden por formar parte de ella.

Las vías internas existen para escuchar y resolver, por lo que resulta incompatible el uso de la exposición pública para dañar:

  • Difundir información falseada, engañosa o presentada de modo que induzca a una interpretación falsa de los hechos.
  • Exponer datos, conversaciones, imágenes o documentos de carácter personal de otra persona cuando ello pueda afectar su dignidad, su privacidad o su seguridad.
  • Promover, convocar o participar en campañas de hostigamiento, humillación o descrédito dirigidas contra una persona.
  • Utilizar la exposición pública, la amenaza de exposición o la movilización de terceros como medio de presión para obtener una decisión, una respuesta o una ventaja personal.
  • Utilizar la pertenencia, la trayectoria, la función o la enseñanza dentro de la escuela como argumento para descalificar públicamente a una persona.

Estas conductas son contrarias al código con independencia de quién las realice y de la posición que ocupe dentro de la Escuela.

Contar públicamente una experiencia propia no constituye una falta. El cuidado de la palabra forma parte de la ética, y alcanza por igual a quien plantea una situación y a quien responde ante ella.